Roberto Luis Martínez

Roberto Luis Martínez

Académico Titular Academia Nacional del Tango  

PASCUAL CONTURSI- MI NOCHE TRISTE

La cultura, en su acepción más amplia, es todo lo que el hombre realiza en su contacto con la naturaleza. A partir de esta definición y teniendo presente que la construcción de la cultura de una nación es obra del hombre que la habita, podemos conceptualizar que la verdadera riqueza de un pueblo está en su cultura. Esto nos lleva a afirmar que los argentinos debemos sentirnos orgullosos del enorme legado que hemos recibido de nuestros mayores.

Una parte muy importante de nuestra cultura se expresa a través del tango y esto nos obliga a recordar a quienes hicieron aportes fundamentales al mismo. Por esa razón, que al cumplirse el centenario de la grabación que realizara Carlos Gardel del tango Mi noche triste, nos parece un acto de estricta justicia homenajear a Pascual Contursi, haciendo referencia el notable aporte que hizo este artista.

Lo primero que debemos hacer al analizar su aporte al tango, es ubicarnos en tiempo y espacio, lo que nos permitirá tener mayores y mejores elementos para valorar su obra. Ese viaje imaginario nos lleva a una Buenos Aires que se estaba transformando rápidamente, a partir de la llegada de cientos de miles de inmigrantes que iban a reunir sus muchas tristezas y sus pocas alegrías con los que aquí habitaban: los gauchos de pie y los negros sobrevivientes a tantas guerras y enfermedades. Esa confluencia de culturas va a dar nacimiento al tango que será la representación de esa nueva sociedad.

En ese contexto debemos ubicar a Pascual Contursi, hijo de inmigrantes italianos, nacido en Chivilcoy un 18 de noviembre de 1888 y que en 1890 sus padres lo llevaron a habitar el porteño barrio de San Cristóbal. En su adolescencia se despertó su vocación por las letras y escribió poesías y cantaba acompañándose con una guitarra. Trabajó como vendedor en una zapatería, se casó en 1911 con Hilda Briano, tuvo un hijo, José María que con el tiempo sería otra de las grandes referencias del tango y en 1914 se trasladó a Montevideo en busca de mejores oportunidades para desarrollar su carrera artística.

Estos datos sobre su historia personal, podríamos decir que coinciden con los de muchos hombres de su generación, pero hay algo que lo diferenciará nítidamente de sus contemporáneos y que José Gobello definió del siguiente modo: “Pascual Contursi es el hito que divide la historia del tango en dos etapas perfectamente definidas; por eso no es caprichoso ni hiperbólico hablar del tango precontursiano y del tango postcontursiano”.

Más allá de la importancia que tuvo para el nacimiento del tango canción Mi noche triste, toda su obra fue absolutamente trascendental para la consolidación del género porque en la misma y en su propia persona, aparecen todos los elementos que hicieron del tango esa expresión fundamental de nuestra cultura.

Como tantos hijos de inmigrantes, Contursi sintió que sus raíces estaban definitivamente hundidas en este suelo, fue un criollo más y alguna vez afirmó Luis A. Sierra: “Sin duda alguna, hay en Contursi raigambre de payador”. Su poesía no estuvo influenciada por las corrientes literarias en boga, es el canto simple del payador que improvisa y refleja en el canto sus sentimientos, el que aparece claramente en los temas que compuso.

Pascual Contursi fue, esencialmente, un artista popular. Fue la representación de ese pueblo del que formaba parte y esto aparece claramente reflejado en todas sus letras. En cada uno de sus tangos hay una historia en la que, con minuciosidad, describe ambientes y personajes y resultan un perfecto retrato que nos permite recrear la vida del hombre común de su tiempo.

Desde la fundacional letra de Mi noche triste, en la que un hombre expresa su tristeza por la pérdida del amor, hasta el último tango que escribió en 1928, Bandoneón arrabalero, en el que el personaje cuenta su dolor al bandoneón, al que corporiza con la forma de un pebete que ha sufrido el más cruel de los dolores: el abandono materno; siempre aparece la exquisita sensibilidad de Pascual Contursi. El poeta sabe lo que cuenta porque lo ha vivido y conoce perfectamente la naturaleza humana de sus personajes, los que suelen desnudar sus sentimientos más nobles aun en las peores situaciones. Un buen ejemplo, es el del “bacán encurdelado” que recrimina a la mina que lo amuro: ¿No te acordás cuando en cana/ te mandaba en cuadernitos/ aquellos lindos versitos/ nacidos del corazón?

Es cierto que Contursi tuvo la enorme fortuna de que fuera su gran amigo, Carlos Gardel, quien grabara Mi noche triste y con su aporte enriqueció la obra. Pero no debemos olvidar que fue Gardel el que eligió ese tema en 1917 para comenzar su carrera como cantor de tangos y que además recién en 1919 volvió a grabar dos tangos y ambos fueron de su autoría (Flor de fango y De vuelta al bulín) y también lo fueron tres de los tangos que grabó en 1920 (Ivette, Qué querés con esa cara y Pobre paica) lo que muestra la importancia que tenía la obra de Contursi para Gardel.

La obra de Contursi se extendió al teatro y escribió numerosos sainetes, muchos de ellos con la colaboración de otros autores conocidos, entre otros, con Ivo Pelay, Manuel Romero, Pablo Suero, Enrique P. Maroni y Elias Alippi. Para todas estas obras compuso un tango y aunque los sainetes tuvieron buena aceptación de público no trascendieron en el tiempo.

Sólo con Mi noche triste, Pascual Contursi ocuparía un lugar destacado en la historia del tango, pero su obra fue mucho más que ese tango fundacional y eso es lo que debemos tener presente cada vez que analicemos a este gran artista. Cuando Jorge Luis Borges afirmó: “Con Contursi murió el tango de fachendosa felicidad, el del alarde del compadrito…” no tuvo en cuenta que con Contursi nació el tango que reflejaría al hombre común, sus anhelos, sus tristezas, sus alegrías, en síntesis la vida misma del porteño y de todos los argentinos.

 

Roberto Luis Martínez

Académico Titular Academia Nacional del Tango  

 

 

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