académicos y difusores

Distintos estudiosos y académicos del tango de todo el mundo se suman con sus comentarios y aportes al tema.

Primeras Jornadas de Tango y Pensamiento

MI NOCHE TRISTE: 100 años del tango canción

Fecha:  11 y 12 de abril de 2017

Ver : Circular Jornadas MI NOCHE TRISTE

 Tenemos el agrado de invitarlos a participar de las 1ras Jornadas de Tango y Pensamiento «MI NOCHE TRISTE: 100 años del tango canción», que se llevarán a cabo los días 11 y 12 de abril de 2017 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en FLACSO Argentina y en el Centro Cultural de la Cooperación. La propuesta de esta convocatoria se enmarca en la celebración de los 100 años del tango canción y tiene como finalidad generar un espacio de investigación y reflexión en torno a la poética del tango, a sus temáticas principales y a su relación con la literatura, la historia, el cine, la vida cotidiana, etc. En suma, pretendemos reconocer ese enorme universo que creó y sigue creando el tango canción en sus 100 años de vida, dado que el 9 de abril próximo se cumplen los 100 años del día en el que Carlos Gardel grabó “Mi noche triste”, con música de Samuel Castriota y letra de Pascual Contursi, considerado el primer tango canción.

Forma de realización de las Jornadas

Las jornadas se realizarán en dos sedes. Por la mañana en al Auditorio de FLACSO (Tucumán 1966) se llevarán a cabo la conferencia de apertura, los paneles y las mesas de ponencias; por la tarde en la sala Osvaldo Pugliese del CCC (Corrientes 1543) ocho expositores invitados –cuatro por día– hablarán sobre ocho poetas del tango, acompañados en cada caso por un cantante diferente.

Ponencias

No hay áreas temáticas específicas. El tema común es el tango canción en todas sus posibilidades y relaciones. El criterio de admisión estará dado por la originalidad de la propuesta temática y el interés que puede despertar en los asistentes, de acuerdo al criterio del comité organizador. Para la redacción de la ponencia, se deberá tener en cuenta que la intervención de cada expositor se ajustará a 15 minutos como máximo. Cada una de las mesas contará con tres exposiciones, luego de las cuales habrá 15 minutos más para la discusión y el intercambio. En caso de que requieran del apoyo de material gráfico y/o digital, en el e-mail en el que envíen el resumen deberán aclarar que necesitarán un cañón proyector.

Se deberá enviar TÍTULO y RESUMEN (hasta 150 palabras) a jornadatango@flacso.org.ar hasta el día 10 de marzo de 2017 inclusive.

Comité organizador Dr. Gustavo Varela (FLACSO Argentina/Academia Porteña del Lunfardo) Dr. Oscar Conde (UNIPE/Academia Porteña del Lunfardo)

Walter Alegre (Centro Cultural de la Cooperación)

Pascual Contursi

Alejandro Molinari

Académico Titular de la Academia Nacional del Tango.

Casi todos los historiadores del tango coinciden que hay un antes y un después a partir de que Carlos Gardel irrumpiera en el género grabando el 9 de abril de 1917 Mi noche triste, tango que sobre la música de Lita de Samuel Castriota, Pascual Contursi versificó en 1915 y lo estrenó en ese mismo año en el cabaret montevideano Moulin Rouge. A su vez Gardel lo había cantado poco tiempo antes de su grabación en el Teatro Esmeralda.

Sin dudas esta conjunción entre ambos artistas, poeta e intérprete, significó uno de los pocos hitos verificables en la historia del tango. Nace así un subgénero, el tango-canción, que lleva el tango de los pies a los labios.

Pascual Contursi recoge la herencia de los payadores y le pone letra a melodías existentes, es un payador urbano, pero a diferencia de otros como Betinoti, Gabino Ezeiza o los de Nava, utiliza el tango. En esto podríamos emparentarlo con don Ángel Villoldo que escribía y cantaba sus propios tangos. Así versificó tangos de Samuel Castriota, de Augusto Gentile, de Arolas, de Juan Carlos Cobián, de José Martínez. Pero, entonces, ¿cuál es la diferencia, lo que lo hace distinto, novedoso? Es la idea general, la concepción que provoca que el tango que tiene ya en esa época un enorme prestigio como danza, como música, también muestre una nueva faceta que se parangona, que está en un mismo nivel que las otras dos: el canto. Es decir, con Pascual Contursi aparece la tercera pata artística del tango.

Y en la fundación de este subgénero, el tango-canción, Pascual Contursi utiliza una técnica muy especial, que le permite ir resolviendo los problemas que plantea una música compleja como el tango, ¡lo canta!, y en ese ida y vuelta va desarrollando su idea, va encontrando los modismos, los acentos, los puntos, las comas, es decir va creando artesanalmente lo que sus continuadores: Celedonio, Manzi, Discépolo, Cátulo, Homero Expósito, desarrollarán hasta la exquisitez, la Cancionística del Tango.

Sin dudas, el tango-canción nace de la mano de Pascual Contursi y Carlos Gardel.  Pero esta afirmación no solamente no degrada el rol de Contursi, sino que lo enaltece. Gardel, cantor criollo, recién se acerca al tango gracias a la obra de Contursi y no porque no hubiera tangos con letras, sino porque no había encontrado el que lo apasionara, el que le permitiera expresarse con todo fervor. Tan importante consideró Gardel a Mi noche triste, más allá de su aporte fundacional, que vuelve a grabarlo, en la plenitud de su carrera, 13 años después, el 24 de abril de 1930. Pero además, Gardel se va acercando lenta y prudentemente al tango, gracias al aporte de Contursi; al año siguiente graba Flor de fango, en 1919 De vuelta al bulín y en 1920 de seis tangos que graba, la mitad (Ivette, Qué querés con esa cara y Pobre paica) son de Pascual Contursi.

En este año donde se cumple el centenario de la aparición del tango-canción es una obligación para nosotros recordar la enorme trascendencia de este hito para toda la cultura nacional.

Mi noche triste

Contursi, Gardel y la epopeya del tango canción (fragmento)

 Por Nicolás Sosa Baccarelli

 (Miembro Correspondiente de la Academia Nacional del Tango e integrante del directorio de la Fundación Contursi).

 Un clásico es un libro leído de una cierta manera. La sentencia es de Borges y perfectamente la alusión al libro podría sustituirse por el tango.  Los argentinos hemos resuelto –muy a pesar de Borges- que Mi noche triste es no solo un clásico, sino también el hito fundacional, la invención de la escritura, el aterrizaje en la luna, el advenimiento de la señal mesiánica en un calendario que de aquí en más exhibirá, como proponía Gobello, dos eras: la contursiana y la precontursiana.

¿Pero entonces de qué particular manera hemos escuchado este tango, hemos apreciado estos versos? Lo hemos vivenciado, pues, con la perplejidad de quien se contempla a sí mismo, en un nuevo horizonte.

Arriesgo a imaginar que por aquellos meses de 1917, la Argentina escuchó este tango escrito por Pascual Contursi sobre una música de Samuel Castriota, en la voz de Carlos Gardel, con la secreta intuición de estar asistiendo a lo que el tango, en tanto género, podía llegar a ser.

Con innegables antecedentes en la poesía de Evaristo Carriego, en versos populares (españoles y criollos), en el canto de los payadores, en otros géneros de la canción popular ligados a la tradición campera (de hecho el tango que nos ocupa está escrito en décimas octosilábicas), e incluso en algunos tangos anteriores (Ángel Villoldo, Alfredo E. Gobbi, Arturo Mathon) Contursi comienza a desplegar, hacia 1914, lo que finalmente lograría dos años más tarde con Mi noche triste: un tango de amplia acogida popular que cuenta la historia íntima de un hombre que sufre.

El hecho de que haya sido éste el primer tango que cantó Gardel y el primero que grabó, no es un dato menor. Su nombre, la magia de su voz, están unidos inescindiblemente a esta historia.

Distanciándose de la picardía sexual, del alarde de coraje y nombradía de las autorreferenciales apologías de los guapos -frecuentes en las letras de entonces- Contursi canta al hombre, llorando a una mujer; canta al hombre desnudo, al hombre que sufre lo que todos sufren: el amor, el desamor, la soledad, el abandono.

La exposición del argumento sentimental ha dado una nueva consistencia a la música, y ha logrado tender un puente hacia la intimidad del público. Sencillamente lo ha emocionado. Y de ese modo, la identificación personal del espectador con el protagonista del tango ha generado el placer de la contemplación, superando la simpleza (¿o precariedad?) de los recursos poéticos con los que el autor construyó su texto. Una vez más la técnica ha quedado a la intemperie de la emoción, y la canción popular vuelve a lucirse en el misterio de su complejidad: palabra-música-interpretación-espectador.

Pascual Contursi ha sido fiel a su mundo simple en busca de inspiración y allí la ha encontrado, logrando versos de modesta factura pero absolutamente genuinos que cuentan lo que otros letristas de aquel tango incipiente apenas se animaron a contar tímidamente: el despecho ante el abandono de la mujer querida.

De esta manera, deteniéndose con orgullosa melancolía en ese mundo de cosas animadas que reaccionan ante la partida de la compañera (la guitarra, la cama, la lámpara, el espejo), en un lenguaje llano, directo y sazonado con un “uso mesurado del lunfardo” – de acuerdo con la justa observación de Oscar Conde-, se erigía Contursi, con Gardel, como los pioneros del tango-canción. Sobre el acierto de estas dos figuras, los poetas que luego sobrevendrían encontrarán el gigante sobre cuyos hombros pararse, otear ese horizonte y seguir adelante.

Más tarde, el tema del “amuro” con que Mi noche triste se ganó su lugar, se convirtió en el tropezadero de muchos letristas. El tango se empantanó de sensiblerías y otras malversaciones poéticas con una letrística parasitaria (tan dañina al género) que consistió en repetir mal y anacrónicamente, lo que Contursi dijo con eficacia, con el intérprete óptimo, en el momento justo. Y la piecita del vate cedió paso a la decadencia lacrimosa de los decorados teatrales, a las insípidas caricaturas del abandono. Pero Contursi no es el responsable de estos excesos posteriores. Su invaluable aporte ya estaba hecho, y bien habido ya su lugar en la historia del tango.

En pocas palabras, Mi noche triste, más precisamente esa grabación de Carlos Gardel de 1917, representa la victoriosa irrupción del tango en la tradición occidental del canto al amor (tenido o perdido) no como lugar común sino como ámbito obligado del quehacer creativo y, en general, el ingreso definitivo del tango en los temas universales del arte. Y la verdad es que no había otra forma de hacer del tango la “posibilidad infinita” a la que se refirió Leopoldo Marechal al definirlo.

PASCUAL CONTURSI- MI NOCHE TRISTE

Roberto Luis Martínez

Académico Titular, Academia Nacional del Tango  

La cultura, en su acepción más amplia, es todo lo que el hombre realiza en su contacto con la naturaleza. A partir de esta definición y teniendo presente que la construcción de la cultura de una nación es obra del hombre que la habita, podemos conceptualizar que la verdadera riqueza de un pueblo está en su cultura. Esto nos lleva a afirmar que los argentinos debemos sentirnos orgullosos del enorme legado que hemos recibido de nuestros mayores.

Una parte muy importante de nuestra cultura se expresa a través del tango y esto nos obliga a recordar a quienes hicieron aportes fundamentales al mismo. Por esa razón, que al cumplirse el centenario de la grabación que realizara Carlos Gardel del tango Mi noche triste, nos parece un acto de estricta justicia homenajear a Pascual Contursi, haciendo referencia el notable aporte que hizo este artista.

Lo primero que debemos hacer al analizar su aporte al tango, es ubicarnos en tiempo y espacio, lo que nos permitirá tener mayores y mejores elementos para valorar su obra. Ese viaje imaginario nos lleva a una Buenos Aires que se estaba transformando rápidamente, a partir de la llegada de cientos de miles de inmigrantes que iban a reunir sus muchas tristezas y sus pocas alegrías con los que aquí habitaban: los gauchos de pie y los negros sobrevivientes a tantas guerras y enfermedades. Esa confluencia de culturas va a dar nacimiento al tango que será la representación de esa nueva sociedad.

En ese contexto debemos ubicar a Pascual Contursi, hijo de inmigrantes italianos, nacido en Chivilcoy un 18 de noviembre de 1888 y que en 1890 sus padres lo llevaron a habitar el porteño barrio de San Cristóbal. En su adolescencia se despertó su vocación por las letras y escribió poesías y cantaba acompañándose con una guitarra. Trabajó como vendedor en una zapatería, se casó en 1911 con Hilda Briano, tuvo un hijo, José María que con el tiempo sería otra de las grandes referencias del tango y en 1914 se trasladó a Montevideo en busca de mejores oportunidades para desarrollar su carrera artística.

Estos datos sobre su historia personal, podríamos decir que coinciden con los de muchos hombres de su generación, pero hay algo que lo diferenciará nítidamente de sus contemporáneos y que José Gobello definió del siguiente modo: “Pascual Contursi es el hito que divide la historia del tango en dos etapas perfectamente definidas; por eso no es caprichoso ni hiperbólico hablar del tango precontursiano y del tango postcontursiano”.

Más allá de la importancia que tuvo para el nacimiento del tango canción Mi noche triste, toda su obra fue absolutamente trascendental para la consolidación del género porque en la misma y en su propia persona, aparecen todos los elementos que hicieron del tango esa expresión fundamental de nuestra cultura.

Como tantos hijos de inmigrantes, Contursi sintió que sus raíces estaban definitivamente hundidas en este suelo, fue un criollo más y alguna vez afirmó Luis A. Sierra: “Sin duda alguna, hay en Contursi raigambre de payador”. Su poesía no estuvo influenciada por las corrientes literarias en boga, es el canto simple del payador que improvisa y refleja en el canto sus sentimientos, el que aparece claramente en los temas que compuso.

Pascual Contursi fue, esencialmente, un artista popular. Fue la representación de ese pueblo del que formaba parte y esto aparece claramente reflejado en todas sus letras. En cada uno de sus tangos hay una historia en la que, con minuciosidad, describe ambientes y personajes y resultan un perfecto retrato que nos permite recrear la vida del hombre común de su tiempo.

Desde la fundacional letra de Mi noche triste, en la que un hombre expresa su tristeza por la pérdida del amor, hasta el último tango que escribió en 1928, Bandoneón arrabalero, en el que el personaje cuenta su dolor al bandoneón, al que corporiza con la forma de un pebete que ha sufrido el más cruel de los dolores: el abandono materno; siempre aparece la exquisita sensibilidad de Pascual Contursi. El poeta sabe lo que cuenta porque lo ha vivido y conoce perfectamente la naturaleza humana de sus personajes, los que suelen desnudar sus sentimientos más nobles aun en las peores situaciones. Un buen ejemplo, es el del “bacán encurdelado” que recrimina a la mina que lo amuro: ¿No te acordás cuando en cana/ te mandaba en cuadernitos/ aquellos lindos versitos/ nacidos del corazón?

Es cierto que Contursi tuvo la enorme fortuna de que fuera su gran amigo, Carlos Gardel, quien grabara Mi noche triste y con su aporte enriqueció la obra. Pero no debemos olvidar que fue Gardel el que eligió ese tema en 1917 para comenzar su carrera como cantor de tangos y que además recién en 1919 volvió a grabar dos tangos y ambos fueron de su autoría (Flor de fango y De vuelta al bulín) y también lo fueron tres de los tangos que grabó en 1920 (Ivette, Qué querés con esa cara y Pobre paica) lo que muestra la importancia que tenía la obra de Contursi para Gardel.

La obra de Contursi se extendió al teatro y escribió numerosos sainetes, muchos de ellos con la colaboración de otros autores conocidos, entre otros, con Ivo Pelay, Manuel Romero, Pablo Suero, Enrique P. Maroni y Elias Alippi. Para todas estas obras compuso un tango y aunque los sainetes tuvieron buena aceptación de público no trascendieron en el tiempo.

Sólo con Mi noche triste, Pascual Contursi ocuparía un lugar destacado en la historia del tango, pero su obra fue mucho más que ese tango fundacional y eso es lo que debemos tener presente cada vez que analicemos a este gran artista. Cuando Jorge Luis Borges afirmó: “Con Contursi murió el tango de fachendosa felicidad, el del alarde del compadrito…” no tuvo en cuenta que con Contursi nació el tango que reflejaría al hombre común, sus anhelos, sus tristezas, sus alegrías, en síntesis la vida misma del porteño y de todos los argentinos.

Oscar Del Priore  : video de entrevista sobre Pascual Contursi

 

 

Oscar Del Priore 1 / tango canción, payadores y sainete

 

Gracias Todo Tango

http://www.todotango.com/creadores/biografia/61/Pascual-Contursi/

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Texto en Todo Tango por Julio Nudler

La letra de tango fue su creación, y con ella convirtió al tango en la canción sentimental de Buenos Aires. Le introdujo temas humanos de validez universal —la nostalgia, la melancolía, las frustraciones del amor, la ambición, la codicia, la decadencia y la injusticia—, aunque su universo específico fuera el de la vida prostibularia, con sus rufianes y rameras. En aquellas primeras décadas del siglo XX, el aluvión inmigratorio había traído a centenares de miles de hombres solos, que alimentaron un enorme mercado del sexo.

Trascendiendo a las letrillas livianas y picarescas del tango primitivo, Contursi, radicado por entonces en Motevideo, la capital del Uruguay, estableció entre 1914 y 1915 las nuevas coordenadas poéticas del género, que incluyeron como particularidad —en algunos casos— el relato de todo un argumento, desarrollado en unos pocos versos. Tal el caso de “De vuelta al bulín”, que escribió en el ’14 sobre notas musicales del pianista José Martínez. Contursi solía adosarles letras a tangos instrumentales de esa época, posteriormente identificada como la Guardia Vieja.

Uno de esos casos fue el de “Lita”, pieza del pianista Samuel Castriota, que con las estrofas de Contursi pasó a llamarse “Mi noche triste”. Hay cierto consenso en considerar a éste el primer tango canción, aunque de hecho no lo fue. Sin embargo, por su hondura, por la audacia de sus metáforas y por el perfecto encastre de los versos en la música tuvo la virtud de ser el heraldo de una nueva época para el tango. Fue también crucial que Carlos Gardel lo grabase en 1917, y que un año después se convirtiera en la gran atracción de una pieza teatral. En general, la relación con Gardel fue clave en la proyección de Contursi, porque halló así al óptimo intérprete de sus obras.

Nació en Chivilcoy, una ciudad rural de la fértil pampa argentina, 170 kilómetros al oeste de Buenos Aires, pero su familia se trasladó a los pocos años a la capital, estableciéndose en el antiguo y humilde barrio de San Cristóbal. Desde la adolescencia se sintió atraído por la vida artística. Escribía poemas y entonaba, acompañándose en guitarra, sus propias canciones. Y precisamente así dio a conocer “Mi noche triste (Lita)”, cantándolo por primera vez en el cabaret Moulin Rouge, de Montevideo. Este local era propiedad de Emilio Matos, padre de Gerardo Matos Rodríguez, compositor de “La cumparsita”.

Esta pieza, que con un agregado del pianista Roberto Firpo se transformaría en el más famoso de todos los tangos, también recibió una letra de Contursi, escrita en colaboración con Enrique Pedro Maroni. Nacía así, en 1924, el tango “Si supieras”, para enojo de Matos Rodríguez, que al año siguiente escribió, como pudo, otra letra, reponiendo el nombre original, que ya nadie alteraría. En todo caso, la de Contursi-Maroni fue la más frecuentada, cayendo casi en el olvido la de Matos, aunque también hay que decir que en aquellos flojos versos hay muy poco de Contursi.

Volviendo atrás en el tiempo, el letrista aprovechó una actuación montevideana del dúo que integraban Carlos Gardel y José Razzano para acercales “Mi noche triste”, que el primero cantó en el teatro Urquiza de la capital uruguaya, para después estrenarlo en Buenos Aires en el teatro Esmeralda. Pero el impacto no fue inmediato, como suele ocurrir con las obras renovadoras.

El verdadero éxito le llegó cuando en 1918 fue incluido en Los dientes del perro, una pieza ligera de José González Castillo y Alberto Weisbach, cantado por Manolita Poli, una actriz de 19 años, hija de padres zarzueleros.

El suceso de su tango impulsa a Contursi a regresar a Buenos Aires, donde se dedica de lleno a la creación teatral, en colaboración con otros autores exitosos del momento. Produce así una serie de sainetes y piezas atractivas para el público, pero que no perdurarán. En los argumentos de las obras intercalaba tangos de su autoría.

Contursi viajó a Europa en 1927, para residir sucesivamente en España y en Francia. Recién volvería en 1932 a Buenos Aires, pocos días antes de morir, en un patético regreso, perdida la razón. Gardel fue uno de quienes en París se encargaron a repatriarlo. En esa ciudad había escrito en 1928, con música de Juan Bautista Deambroggio (Bachicha), uno de sus tangos más conmovedores: “Bandoneón arrabalero”, que muestra, quizá como ninguno hasta entonces, la profunda relación afectiva entre dos abandonados: un hombre y un fuelle.

Excepcional también es “Pobre paica”, que en 1914 ideó para la música de “El motivo”, del pianista Juan Carlos Cobián, en el que Contursi se conduele del drama de una prostituta, abatida por el tiempo y la enfermedad.

Filoso, crítico y sarcástico en “Champagne tangó” (música de Manuel Aróztegui), “Ivette” (José Martínez) y “Flor de fango” (Augusto Gentile), todos de 1914, Contursi no mantendría siempre ese nivel. Quizá deba mencionarse, entre el resto de su producción, al burlesco “La mina del Ford”, de 1924 (con Fidel del Negro y Antonio Scatasso), pero sobre todo a “Ventanita de arrabal” (con Scatasso), que escribió en 1927 para su sainete Caferata (término lunfardo que designaba al proxeneta).

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